Azar y elección

Somos lo que vivimos y lo que vivimos es una consecuencia del destino… ¿O no?

La peste llegó al barco donde viajaba el padre de Alfredo cuando era muy joven y tuvo que anclar en un pobre puerto colombiano.

Por azar también bajó al pueblo un día, a una hora y minuto preciso   -que no fue otro- y conoció el amor en una mujer en bicicleta. Alfredo tampoco escogió ser el primero de diez hermanos producto de aquel amor fortuito.

No lo decidió, pero Alfredo tuvo un tío que quiso contagiarle el amor por los libros y él gustoso se dejó contagiar.

Ese mismo tío, años más tarde, convertido en  profesor de anatomía en la ULA, lo invitaría a dar un curso de instrumentación en la Facultad de Farmacia.

Así llegó Alfredo a Mérida, con 31 años corridos en modernidad, con un doctorado en Ingeniería Química en una prestigiosa universidad y con más compromiso que ganas, sin imaginar que en esta pequeña ciudad encontraría su lugar en el mundo.

¿Azares o decisiones? Si conoces un poco más la vida de Alfredo Usubillaga sabrás que un hombre se define por lo que es capaz de construir en su circunstancia.