Pérez, Ciencia, superstición y rabia en Sudámerica a finales del XIX CIENCIA Y SUPERSTICIÓN. LOS TRATAMIENTOS CONTRA LA RABIA EN SUDAMÉRICA A FINES DEL SIGLO XIX Osvaldo A. Pérez (+) Introducción La rabia es un flagelo que ha azotado a la humanidad desde la más remota antigüedad. La primera referencia de ella aparece en la Mesopotamia, en el Código de Eshuna, unos 2.300 años antes de Cristo. Para contrarrestar sus efectos, siempre mortales una vez declarada la enfermedad, el hombre empleó todo su saber empírico siendo esta una de las patologías que más variedad y disimilitud de tratamientos ha tenido en toda su historia. Entre los remedios más antiguos figura la ingestión de polvos de cangrejos calcinados, procedimiento recomendado por Galeno que echaba por tierra el hasta entonces usual indicado por Plinio basado en el empleo del hígado de perro rabioso o la leche desecada con agregado de flores de lentejas, o los escarabajos preparados artesanalmente con el agregado de distintas sustancias. Este último método fue sometido en 1777 a un examen por el Colegio Médico de Berlín a pedido del rey de Prusia, siendo aprobado por dicho organismo. En 1883 se hizo conocido un modo de curación haitiano, bastante heroico por cierto. Se colocaba encima de la herida producida por el animal sospechoso un poco de pólvora y se encendía. Posteriormente se aplicaba sobre la quemadura una cantárida y con ello terminaba el tratamiento. En China se reportó por aquellos años la curación de un sirviente de una casa inglesa que ya presentaba los síntomas de la enfermedad mediante la ingesta de una infusión de hojas de datura stramonium hervidas en agua. El paciente había dormido ocho horas y cuando despertó ya estaba curado. El continente americano no fue ajeno a estas experiencias seudomedicinales y prueba de ello son los registros del Laboratorio Anti-Rábico de Buenos Aires, llevados por quien introdujo en la Argentina la vacuna elaborada por Pasteur, el médico Desiderio Davel. Allí no sólo se anotaban datos filiatorios y de la anamnesis de los pacientes sino que se dedicó un acápite especial para consignar el tipo de curación aplicado por el mordido previamente a su presentación. Del análisis estadístico de estos registros surgen evidencias del "avance científico" en materia de conocimiento popular de sustancias germicidas. Sin embargo, también resulta notorio que la aplicación de un conocimiento científico incompleto en medicina puede conducir a peores resultados que el desconocimiento de tal "avance parcial". Bitácora-e Revista Electrónica Latinoamericana de Estudios Sociales, Históricos y Culturales de la Ciencia y la Tecnología, 2011, Nº 1. 56 Pérez, Ciencia, superstición y rabia en Sudámerica a finales del XIX La era de los microbios El citado estudio estadístico de los libros de registro nos permite apreciar toda la variedad de remedios caseros y de botica que se empleaban no sólo en nuestro país sino en otras regiones de Sudamérica pues también concurrían a nuestro Laboratorio Pasteur habitantes de naciones limítrofes en busca del tratamiento antirrábico. Así por ejemplo, entre el 4 de septiembre de 1886, fecha del primer caso atendido, y el 1 de agosto de 1887, el médico argentino trató 41 personas, de ellas 29 eran uruguayos, uno brasileño y el resto argentinos. Para 1909 el total de atendidos era de 9.768 enfermos de los que 418 eran uruguayos, 128 brasileños y dos de origen paraguayo. Para el análisis de los diversos productos aplicados por los enfermos debemos tener en cuenta que los años a partir de los que los registros nos brindan información, esto es desde mediados de 1886 en adelante, pertenecen a la era que podríamos denominar de los “cazadores de microbios”, en los que ya ha sido vencida la teoría de la generación espontánea. Las doctrinas miasmáticas y humorales sobre la etiología de las enfermedades iban dejando paso al constante descubrimiento de microorganismos productores de distintas noxas. Simultáneamente se observaba la susceptibilidad de estos agentes infecciosos a determinadas sustancias químicas. No quiere decir esto que ya no se aplicaran formulaciones medicamentosas para el tratamiento de las enfermedades. Pero la base de estos métodos era el simple empirismo producto de siglos de ensayos y errores que pese a su antigüedad no garantizaban a veces el más mínimo éxito como no se tratara de alguna enfermedad parasitaria externa. Pese a que la difusión de las noticias, especialmente desde el hemisferio norte al sur, no tenía la velocidad de hoy día, es indudable que ya eran conocidos entre algunos círculos sociales superiores o de mayor formación intelectual los efectos benéficos de la aplicación de sustancias antisépticas para evitar las infecciones. Recordemos finalmente que en 1867 el cirujano británico Joseph Lister publicó sus trabajos sobre los resultados netamente favorables de la aplicación de ácido fénico sobre las heridas quirúrgicas, reduciendo en forma harto evidente la mortandad postquirúrgica. Libro 1 Hechas estas advertencias veamos ahora las distintas precauciones tomadas por los pacientes antes de su presentación en el Laboratorio antirrábico. Tratamiento Casos Tratamiento Casos Ninguno 341 Pelos de perro fritos 2 Cauterización 27 Piedra infernal 2 Alcohol 26 Agua fuerte 1 En botica 24 Ligadura 1 Amoníaco 12 Agua y Jabón 1 Nitrato de Plata 12 Permanganato de Potasio 1 Bitácora-e Revista Electrónica Latinoamericana de Estudios Sociales, Históricos y Culturales de la Ciencia y la Tecnología, 2011, Nº 1. 57 Pérez, Ciencia, superstición y rabia en Sudámerica a finales del XIX Aguardiente 11 Hidrato de Cloral 1 Tintura de árnica 8 Salmuera 1 Vinagre 6 Succión 1 Solución fenicada 4 Bálsamo Católico 1 Aceite 4 Ajo 1 Lavajes simples 4 Agua con sal 1 Caña 3 Esencia de trementina 1 Agua y vinagre 2 TOTAL 499 Tabla 1: Detalle de los distintos tratamientos aplicados por los concurrentes al consultorio del Dr. Davel y posteriormente Laboratorio Pasteur, previos a su atención antirrábica, entre el 4-9- 1886 y el 18-10-1889. Fuente: Libro 1 del Archivo del Instituto Pasteur de Buenos Aires. La tabla 1 nos presenta los casi primeros quinientos casos atendidos por Davel (499 exactamente). Lo primero que llama la atención es que más de dos tercios de los pacientes (68.34%) no realizaron ninguna curación previa a la visita médica. Tampoco hay que descartar que algunos o muchos de ellos hayan realizado procedimientos vergonzantes, como se verá en otros casos, que no quisieron manifestar ante el requerimiento de la autoridad sanitaria. Le sigue en orden de importancia la cauterización con un 5.41%. Dentro de este tipo de tratamiento hemos englobado no sólo aquellos casos en que directamente figura la palabra “cauterización” (11) sino también los que comprendieron la aplicación de distintos instrumentos o elementos productores de quemaduras, no químicos, como el termocauterio (3), el galvanocauterio (3) o drásticamente optaron por tocar con un “hierro rojo” la mordedura (10). Entre algunas de las pocas descripciones de cauterización que hemos hallado en los cuatro libros aquí reseñados se hallan el uso de pólvora o alcohol sobre la herida y su posterior encendido, brasas de carbón, una vela, un cigarro, una llave, una espada o un clavo todos al rojo vivo. En agosto de 1888 un profesor llegó a aplicarse primero un carbón encendido y después un clavo enrojecido. Desconocemos el procedimiento empleado en las boticas, antiguas farmacias, para tratar las mordeduras, aunque suponemos que se aplicaban sustancias desinfectantes entre las que prevalecería seguramente el alcohol. Justamente este producto fue uno de los más usados por el común de la gente. Generalmente junto a la anotación del tratamiento en botica, Davel y sus ayudantes solían agregar la palabra “ineficaz”. El nitrato de plata y el amoníaco, ambos de efectos cáusticos, también fueron bastante empleados. Posteriormente se hallan una serie de remedios que sirven más para atender a nuestra curiosidad que por su relevancia estadística. No aparece en este libro la forma de uso del aceite, pero sí en los siguientes aclarándose que era caliente, por lo que cabe suponer que también lo fue en estos registros, pudiendo entonces incluirse en los métodos cáusticos. La aplicación en la herida de los pelos del perro mordedor, fritos en aceite, fue una superstición que persistió en nuestro pueblo durante muchas décadas. Todavía en 1947 el veterinario José Serres alertaba al público sobre lo peligroso de esta costumbre arraigada en la gente ignorante. Bitácora-e Revista Electrónica Latinoamericana de Estudios Sociales, Históricos y Culturales de la Ciencia y la Tecnología, 2011, Nº 1. 58 Pérez, Ciencia, superstición y rabia en Sudámerica a finales del XIX El caso de ligadura y de succión tienen que ver con la analogía establecida por los pacientes con mordeduras de animales ponzoñosos. Es lógico pensar que la rabia era considerada como el fruto de la aplicación de una sustancia venenosa por parte del animal atacante. Es interesante que al lado de la anotación hecha en uno de los enfermos sobre su limpieza con agua y jabón, se agregó la leyenda “ineficaz”. Por supuesto que aún faltaban muchos años para que se llegara a la conclusión de que era el jabón el desinfectante indicado. Por el contrario, no es raro encontrar en estos registros el añadido de la fórmula “eficaz” al tratamiento empleado, cuando este era lo suficientemente destructivo de los tejidos como para suponer que no habían quedado rastros del contacto con el animal mordedor. En este sentido, la mayoría de los procedimientos empleados se basaban en la mutilación de los tejidos de la región, desprendiéndose como conclusión de esto el sufrimiento que muchas veces deben haber padecido las personas nada más que por querer demostrar su cariño a un animal que aparentaba signos de enfermedad. Finalmente y como dato anecdótico digamos que los hermanos Pinedo, que fueron los dos primeros pacientes de Davel, se limpiaron las heridas a los diez minutos de producidas con agua y vinagre. Libro 2 A medida que transcurren los años la situación sanitaria va variando progresivamente hacia una mayor comprensión de los peligros de la enfermedad y de las ventajas del tratamiento antirrábico. Así mientras los primeros 499 enfermos atendidos desfilaron durante 1139 días -poco más de tres años-, a un promedio de 0.44 pacientes diarios, los 449 del libro segundo lo hicieron en tan solo 653 días, lo que implica 0.69 personas por día. También como veremos en la tabla 2 cada vez son menos aquellos que no se aplican ningún tratamiento sobre la herida, si bien nada indica que esto haya mejorado sus expectativas de curación, pues los remedios seguían siendo generalmente ineficaces. Tratamiento Casos Tratamiento Casos Ninguno 224 Ajos 2 Alcohol 58 Agua blanca 2 Cauterización 27 Vinagre y sal 2 Lavajes simples 22 Ajos y sal 2 Amoníaco 20 Alcohol y sal 1 Nitrato de Plata 16 Ácido Fénico 1 Tintura de Arnica 11 Succión 1 Aguardiente 9 Presión 1 En Botica 7 Potasa cáustica 1 Aceite 6 Alcohol alcanforado 1 Antisépticos 4 Orines 1 Bitácora-e Revista Electrónica Latinoamericana de Estudios Sociales, Históricos y Culturales de la Ciencia y la Tecnología, 2011, Nº 1. 59 Pérez, Ciencia, superstición y rabia en Sudámerica a finales del XIX Bálsamo Católico 4 Agua fuerte 1 Vinagre 4 Permanganato de Potasio 1 Ácido Nítrico 4 Agua de colonia 1 Aceite y ajos 3 Ácido Sulfúrico 1 Alcohol y ajos 3 Agua de jabón y alcohol 1 Pelos de perro fritos 3 Piedra infernal 1 Agua fenicada 3 TOTAL 449 Tabla 2: Detalle de los distintos tratamientos aplicados por los concurrentes al Laboratorio Pasteur, previos a su atención antirrábica, entre el 22-10-1889 y el 27-5-1891. Fuente: Libro 2 del Archivo del Instituto Pasteur de Buenos Aires. El porcentaje de personas que no efectuaron ninguna curación fue del 50.33%, solamente la mitad de los tratados. Se nota entonces un importante descenso en esta categoría. Los que emplearon alcohol representan el 12.92%, mucho más que el 5.21% del primer libro. Las cauterizaciones comprenden 10 casos de aplicación de un hierro al rojo y 2 de termocauterio. Son un 6.01% del total por lo que su magnitud prácticamente no ha variado con respecto al período antes estudiado. Nuevamente hay numerosos casos de tintura de árnica, una sustancia con efectos anestésicos locales. Los pelos del perro mordedor también se presentan, así como la succión y la presión en la zona afectada. Se observa una variedad de cáusticos como el permanganato de potasio, la potasa cáustica, el ácido sulfúrico, el bastante común ácido nítrico o la piedra infernal, todos empleados con la finalidad de destruir los tejidos implicados en la lesión. Una de las maneras de saber cuál era el remedio indicado por aquellos años es ver qué hacían los propios empleados del Laboratorio cuando se encontraban en una situación similar a la de los pacientes. En el libro 2 se detalla el caso de José Alonso que en enero de 1790 involuntariamente se lastimó al trepanar el bulbo de un perro que murió de rabia. Demostrando que el mejor procedimiento era hacer desaparecer toda huella del “veneno” recibido, Alonso se curó cauterizándose con un hierro al rojo. La ignorancia general del modo de transmisión de la enfermedad se advierte nada más que recordando el caso de un paciente que se hizo lamer las heridas por el propio animal que lo había mordido dos días antes. Este chico, de apenas ocho años de edad, aclaró que no había hecho otro tratamiento porque creía que ese era el indicado. Su error le costó la vida en agosto de 1890. En enero de 1893 otro paciente fue mordido por un perro y para comprobar si este estaba rabioso lo llamó y le hizo lamer la herida. El animal empezó a hacerlo y después repitió la agresión. En la categoría de supersticiones, en la que ya teníamos los pelos de perro, debemos sumar ahora la aplicación de orina en la herida. Al ajo -en nuestro estudio utilizado solo, con sal, con aceite o con alcohol-, se le han atribuido desde la antigüedad numerosas virtudes curativas, cuando no hasta milagrosas, por lo que no es de extrañar que también se empleara tópicamente Bitácora-e Revista Electrónica Latinoamericana de Estudios Sociales, Históricos y Culturales de la Ciencia y la Tecnología, 2011, Nº 1. 60 Pérez, Ciencia, superstición y rabia en Sudámerica a finales del XIX para prevenir la rabia. Curioso es el caso de un enfermo que manifestó haberse “cauterizado” con ajo, declaración a la que el encargado de redactar el registro añadió un comprensible signo de interrogación. Libros 3 y 4 El tercer tomo de los registros se extiende desde el 27-5-1891 hasta el 5-1-1893 y comprende 501 casos atendidos. Se sigue observando cada vez mayor concurrencia de gente al Laboratorio, aunque las diferencias con el libro anterior no sean tan grandes como entre el segundo y el primero. El promedio diario de pacientes llega a 0.85. El libro 4 va del 9-1-1893 hasta el 25-7-1894 y también contiene la descripción de 501 atenciones, aunque el promedio diario es levemente superior, 0.89. Tratamiento Casos Tratamiento Casos Ninguno 262 Salmuera 2 Alcohol 80 Alcohol y ajos 2 Cauterización 57 Succión y colodión 2 Amoníaco 22 Alcohol alcanforado 2 Lavajes simples 11 Vinagre 1 Nitrato de Plata 8 Aguardiente 1 Lavajes con antisépticos 7 Aceite y ajos 1 Pelos de perro fritos 6 Vinagre y agua 1 Tintura de Arnica 5 Vino y sal 1 Aceite caliente 4 Agua fuerte 1 Ácido Fénico 4 Tintura de iodo 1 Vinagre con ajos 4 Ácido tartárico 1 Vinagre y sal 3 Agua alcanforada 1 Agua fenicada 3 Iodoformo 1 Succión 3 Caña 1 Agua y sal 2 Glicerina fenicada 1 Tabla 3: Detalle de los distintos tratamientos aplicados por los concurrentes al Laboratorio Pasteur, previos a su atención antirrábica, entre el 27-5-1891 y el 5-1-1893. Fuente: Libro 3 del Archivo del Instituto Pasteur de Buenos Aires. No existen muchas variaciones entre los datos aportados por el libro 3 y el cronológicamente anterior. También en este caso, la mitad de las personas (el 52.30%) no se han hecho ningún tipo de curación. El 15.97% se aplicó alcohol, lo que muestra una tendencia a usar cada vez más este desinfectante. El transcurso de los años va incorporando nuevos antisépticos al uso popular como se ve con la aparición del iodoformo y la tintura de iodo. El aguardiente ya prácticamente se ha dejado de emplear. El ácido tartárico fue usado por un empleado de una licorería en donde se utilizaba dicha sustancia para la fabricación de licores. Tratamiento Casos Tratamiento Casos Ninguno 177 Orinas y alcohol 1 Alcohol 131 Tabaco 1 Bitácora-e Revista Electrónica Latinoamericana de Estudios Sociales, Históricos y Culturales de la Ciencia y la Tecnología, 2011, Nº 1. 61 Pérez, Ciencia, superstición y rabia en Sudámerica a finales del XIX Amoníaco 41 Ácido Nítrico 1 Lavajes simples 33 Vinagre y sal 1 Cauterización 20 Aguardiente 1 Lavajes con antisépticos 13 Aceite caliente y ajos 1 Solución fenicada 9 Alcohol y tabaco 1 Nitrato de Plata 7 Vino 1 Tintura de Arnica 7 Agua vegeto mineral 1 Iodoformo 6 Tintura de iodo 1 Vinagre 6 Alcohol y aceite 1 Aceite 5 Alcohol alcanforado 1 Bicloruro e hidrargirio 5 Salmuera 1 Ajos 4 Caña 1 Succión 3 Glicerina fenicada 1 Presión 3 Jabón 1 Vinagre y alcohol 2 Ácido Acético 1 Aceite fenicado 2 Tintura de ajenjo 1 Ácido Bórico 2 Agua y sal 1 Alcohol y amoníaco 2 Pelos de perros fritos 1 Agua de colonia 1 Cloroformo 1 Azufre y aceite 1 TOTAL 501 Tabla 4: Detalle de los distintos tratamientos aplicados por los concurrentes al Laboratorio Pasteur, previos a su atención antirrábica, entre el 9-1-1893 y el 25-7-1894. Fuente: Libro 4 del Archivo del Instituto Pasteur de Buenos Aires. El libro 4 permite apreciar claras diferencias con los anteriores. Solamente el 35.33%, poco más de una tercera parte, no se ha hecho ningún tratamiento en la herida. La proporción se ha invertido con respecto a lo visto en el libro primero. El alcohol es la estrella de los desinfectantes representando ya el 26.15% de las curaciones hechas, valor este que se elevaría aún más si se sumaran las combinaciones con otros productos. Los avances de la investigación agregan nuevas sustancias a la farmacopea empleada. Ya se menciona al ácido bórico, el bicloruro de mercurio y el cloroformo. Igualmente persisten creencias erróneas como las ya famosos pelos del perro mordedor, la succión, la presión o la orina. Una curiosidad de este libro es que dos veterinarios se presentaron en el Laboratorio, uno en diciembre de 1793 y el otro en enero de 1794, y ambos se curaron previamente aplicándose una solución de bicloruro e hidrargirio. Comparación con el año 1900 Para un rápido análisis de la evolución de las diferentes terapias utilizadas, veamos ahora que pasó en todo el año 1900. Tratamiento Casos Tratamiento Casos Ninguno 165 Agua de Colonia 3 Lavajes simples 58 Vinagre y ajo 3 Bitácora-e Revista Electrónica Latinoamericana de Estudios Sociales, Históricos y Culturales de la Ciencia y la Tecnología, 2011, Nº 1. 62 Pérez, Ciencia, superstición y rabia en Sudámerica a finales del XIX Alcohol 57 Bicloruro de mercurio 3 Aguardiente 56 Azufre con aceite 2 Lavajes con antisépticos 44 Salmuera 2 Ajos 17 Grasa de cerdo 2 Solución fenicada 16 Sangrado 2 Pelos de perros fritos 16 Bálsamo Católico 2 Telas, pañuelos, algodón 16 Ajo y sal 1 Amoníaco 12 Agua sedativa 1 Tintura de Arnica 10 Cal viva 1 Aceite 10 Tabaco 1 Aceite caliente y ajos 9 Tintura de iodo 1 Kerosene 7 Iodoformo 1 Vinagre 7 Agua y jabón 1 Agua y sal 7 Saliva 1 Alcohol alcanforado 6 Agua con azufre 1 Succión 5 Nitrato de Plata 1 Tintura de ajenjo 5 Alquitrán 1 Caña 5 Vaselina 1 Ácido Bórico 4 Jabón azufrado 1 En Farmacia 4 Ajo y pelos de perro 1 Vinagre con sal 4 Glicerina 1 Orina 4 Azufre y aceite 1 Cauterización 4 Ajo y tabaco 1 Tabla 5: Detalle de los 584 tratamientos aplicados por los concurrentes al Laboratorio Pasteur, previos a su atención antirrábica, entre el 1-1-1900 y el 31-12-1900. Fuente: Libros 8 y 9 del Archivo del Instituto Pasteur de Buenos Aires. La ausencia de curaciones previas se sigue reduciendo, ya está en el 28.25%. La frecuencia de atenciones diarias también continúa su tendencia previa y ya alcanza a una media de 1.6 personas por día que llegan al Laboratorio a atenderse. El alcohol ha descendido mucho pues apenas es el 9.76% del total, aunque habrá que considerar la posibilidad de que muchos de los tratamientos con antisépticos -el 7.53%- sean a base de este líquido, así como también los cuatro casos que fueron a dispensarse los primeros auxilios en farmacias (ya no se llaman boticas). Los pelos de perro ya son más comunes, un 2.74%, y hasta se observa una variante que “potenciaría” su efecto, la mezcla con ajos. El mismo valor porcentual tienen las aplicaciones de telas, algodones o pañuelos en la herida para absorber la sangre que de ella mana. Queda por descifrar el abrupto aumento del aguardiente, posiblemente debido a alguna moda momentánea ocasionada por la difusión de propiedades milagrosas de dicho artículo. Empero, lo que no admite ningún cuestionamiento es la casi desaparición de las cauterizaciones y quemaduras como modo de prevención o curación de la enfermedad. Bitácora-e Revista Electrónica Latinoamericana de Estudios Sociales, Históricos y Culturales de la Ciencia y la Tecnología, 2011, Nº 1. 63 Pérez, Ciencia, superstición y rabia en Sudámerica a finales del XIX La grasa de cerdo o tocino frotado en la herida es otra curiosidad del momento, así como la aparición del kerosene. Conclusión El progresivo incremento de los tratamientos a base de principios antisépticos y desinfectantes para la curación de las heridas sospechosas de rabia, observado a fines del siglo XIX, fue un posible reflejo del efecto que los avances de la ciencia médica indujeron entre los contemporáneos. Las distintas bacterias que constantemente iban siendo descubiertas se mostraban susceptibles a la acción de diversos productos químicos. La difusión popular que gracias a las publicaciones impresas y a la transmisión oral tuvo esta cualidad permitió su rápida aprehensión y ejercitación por parte de los afectados. La cauterización fue desplazada paulatinamente de su lugar de privilegio en la creencia popular. También disminuyó simultáneamente, el empleo de sustancias cáusticos como por ejemplo el nitrato de plata. Estas observaciones, si bien implican un mejor conocimiento de las bases científicas de la medicina por parte del común, no significan en este caso ningún avance en la prevención de la rabia ante una mordedura. Por el contrario, el desconocimiento -hasta muy avanzado el siglo XX- de cuál era el proceder adecuado para desinfectar las heridas producidas por animales sospechosos, posiblemente se haya traducido en un efecto perjudicial para el tratamiento de las mordeduras, mejor enfrentadas con la aplicación de cáusticos o de una amplia cauterización. Las supersticiones, consistentes en el uso de pelos fritos en aceite, orina o saliva se mantuvieron presentes durante todo el período estudiado. Sus resultados no se pueden estimar ni siquiera como el fruto de un curanderismo inocuo, sino directamente como terapéuticas dañinas. Bitácora-e Revista Electrónica Latinoamericana de Estudios Sociales, Históricos y Culturales de la Ciencia y la Tecnología, 2011, Nº 1. 64